Entrevista a Antonio López Piña
Antonio López Piña se presenta en el panorama literario con su primera obra de teatro, La pieza, una reflexión sobre el arte y la función del artista.
PREGUNTA: - ¿es necesario en la sociedad en la que vivimos repensar la idea y el sentido del arte? ¿Tiene el arte que ser político, en el sentido de comprometido o basta con que cumpla «el canon de belleza»?
RESPUESTA: - Para no dejar el libro, la película o la exposición a medias, el arte debe tener alguna herramienta de enganche, bien la belleza, la creación de curiosidad, el entretenimiento... Si consigue reunir todas hay muchas más posibilidades de lograr transmitir el mensaje, capturar al espectador y hacer que la reflexión sobre la obra sea más fácil, más natural. Parte de mi «compromiso» se dirige a combatir la tan celebrada idea del artista genio, exento e iluminado, capaz de vivir exclusivamente en su arte y por su arte con una visión estereotipada de la política y sus funciones. Considerarse apolítico (por desconocimiento de los mecanismos que rigen las relaciones sociales y económicas) sería algo así como considerarse «a-oxigenado» por ignorar qué es lo que respiramos.
A lo largo de varios años en tu trayectoria personal y cultural se han unido el teatro (como actor y director), las artes plásticas (escultura y pintura) y tu formación en ciencias políticas. P. - ¿Podemos decir que esta obra es un reflejo de tu proyección artístico-vital?
R. - Pues creo que sí. Gran parte del conflicto del personaje principal ha sido para mí una preocupación constante e insistente.
P. - ¿Cuánto hay de ti en Amadeo o en Emilo, el personaje políticamente incorrecto de la obra?
R. - Mucho, claro. Aunque estos dos personajes podrían representar al mismo individuo en dos momentos de su vida. Amadeo manifiesta el miedo al cambio y a la toma real de conciencia de uno mismo. La obra trata de capturar ese momento en el que una persona se encuentra ante la decisión de enfrentarse a sus temores y tratar de resolverlos o evitarlos y dejar que pase la fiebre. La figura de Emilio es la del hombre que, consciente de ese paso necesario, no se ha atrevido a darlo y siente que cada vez es más difícil hacerlo. Más que un reflejo del autor, Emilio es una advertencia de aquello en lo que uno puede llegar a convertirse por miedo a no afrontarse honestamente.
Esta obra se aleja por completo del concepto de «teatro contemporáneo» y recurre a la estructura en tres actos, la acción y la trama de obras más cercanas al teatro social de mediados del siglo XX. En ella se encuentran retazos del teatro de Arthur Miller o Buero Vallejo, entre otros.
P. - ¿Qué te mueve a retomar esta forma teatral?
R. -Me parecía que escribir una obra siguiendo los esquemas clásicos era una tarea difícil. Quería intentarlo, probar a exigirme una acción coherente y un desarrollo cronológico regulado por las limitaciones de un espacio y de un tiempo «reales». Las escenas, los diálogos tenían que ser consecuencia de otros durante cada acto. La acción tenía que ir apareciendo de forma natural, sin saltos ni ventajas.
Además de estos autores, P. - ¿qué otros forman parte de tus libros de cabecera?
R. - Siempre tengo cerca «Mortal y Rosa» de Francisco Umbral, por lo que pudiera pasar.
Para terminar dos cuestiones. Sabemos además que tu labor como profesor de Historia política y Literatura en un colegio americano, te ha llevado a cuestionar algunos aspectos de didácticas de enseñanza en el aula, P. - ¿crees que el teatro es un buen recurso para la formación en valores político-sociales?
R. - Por supuesto. Así lo demuestra ya Platón en sus diálogos. Cuando hablo de teatro me refiero a la escritura dialéctica, al discurso que se va enriqueciendo gracias a las preguntas de quien ignora y desea conocer. Sería interesante probar a desarrollar libros de texto teniendo en cuenta este mecanismo. Los primeros cursos recogerían las preguntas reales más básicas y los posteriores se irían construyendo sobre cuestiones progresivamente más elaboradas, motivadas por la necesidad verdadera de penetrar en el conocimiento sobre un tema con el que ya tenemos un vínculo abierto. No solo obras de teatro sino libros con estructura de obra de teatro. Un buen ejemplo son los libros de Constantin Stanislavski, que explican mediante el teatro no solo cómo ser un buen actor sino que también abordan muchos otros aspectos necesarios para el crecimiento y desarrollo personal en el entorno del grupo.
Y por último, P. - ¿para cuándo un libro que recoja estas experiencias?
R.-Estoy preparando el material en estos momentos. ¿Hay editores dispuestos?





