postheadericon Los buitres - Fragmento

DRAMATIS PERSONAE

HOMBRE

MUJER

AMIGO

SIRVIENTA



Salón de una casa deshabitada, ruinosa, decadente… Símbolos de un pasado esplendor; jardín indómito y jarros con flores secas. Un HOMBRE y una MUJER sentados alrededor de una mesa fastuosamente servida sin comida, vacía. Solamente los ilumina la claridad que emite un candelabro de plata y una brisa cobriza que entra por la ventana. El HOMBRE mira plácido a la MUJER mientras le coge la mano, ella está cabizbaja.

HOMBRE

(Suave y monótono como si leyera una carta.) Te odio. No sabes bien cómo te odio. Tu cara, tus cabellos, tu cuerpo, tus pies… Todo lo que está relacionado contigo me despierta un asco irracional, un asco que me sale de aquí dentro, como un vómito infecto. (Pausa.) Te pones cremas sobre el rostro para intentar parecer atractiva; pero no te das cuenta de que al único hombre a quien puedes gustar soy yo y yo creo que eres patética. ¿Sonríes? ¿Algo de lo que he dicho te ha parecido divertido o gracioso? (La MUJER no levanta la vista y el HOMBRE le acaricia la cara.) Te recuerdo cuando eras joven; hace ya mucho tiempo. O quizá no tanto… Da igual. Tenías los ojos grandes como lunas y unos pechos redondos como lunas y una peca al lado del ombligo, como una luna. Pero ahora… Ahora todo es negra noche, oscuridad, putrefacción. (Pausa larga.) Soledad. (Pausa larga.) Sí, lo tengo que reconocer… Eras una gran actriz. La mejor. Habrías llegado muy lejos, querida. Casarte conmigo fue un error por tu parte. ¿Ahora te das cuenta, verdad? Di que sí. (Pequeña pausa.) ¡Di que sí! (La MUJER asiente con la cabeza.) Pero, bebe, querida. Bebe a mi salud y a la salud de toda mi fortuna. (La MUJER coge una copa de vino vacía. Se para.) No, no te pares, querida. Bebe. Y mientras bebes no cierres los ojos. Hiciste pedazos todos los espejos de la casa para engañar al tiempo, pero ahora no puedes rechazar el espejo que humildemente te ofrezco. Bebe. Y mientras bebes no cierres los ojos. Obsérvate bien mientras bebes, mírate mientras bebes y tal vez así, el líquido se convertirá en veneno. (La MUJER se asusta y deja la copa atemorizada, débil.) No tengas miedo, querida. Yo soy el antídoto que puede salvar tu vida. Soy tu mejor espejo. No pongas esa cara. Me repugnas, querida. ¿Ya te lo había dicho? (Pausa eterna.) Diez años de inútil matrimonio; ¿Para qué? Para ver con los ojos abiertos cómo mi esposa intenta deshacerse de mí día tras día. Cada mirada tuya es una puñalada. Bruja del demonio. (Pausa. Sonrisa.) Pero el destino, ese caballero vengativo, ha decidido darte la razón. (Pausa.) Me muero. Cada día me siento menos vivo. ¿Sabes? Tengo la sangre llena de pequeños huevos de mosca y dentro de cada huevo, vive una larva. Algunas larvas babosas han iniciado ya la carrera para ser crisálida. ¡Me oyes! ¡Millares, millones de moscas verdes me corren por dentro! Las siento, las noto dentro de mí. Puedo sentir cómo me rascan el estómago con sus patas peludas. ¡Millares, millones de patas peludas de mosca verde rascándome el estómago para salir al exterior! ¿Y sabes cómo me siento? (Pausa. Ríe.) ¡Nunca me había sentido mejor! (Pausa.) También las puedo sentir aquí dentro, en la cabeza. Me rascan con las alas y no me dejan pensar. (Pausa.) ¿Sabes de qué se alimentan las moscas verdes y peludas? ¿No lo sabes? De mierda. (Pausa.) Cada vez que me besas las estás alimentando. Puedo sentir cómo me suben por la garganta para entrar dentro de ti y devorarte toda entera. (Asustado.) Me han salido bultos negros por todo el cuerpo; por la espalda, por el pecho, en las piernas… (Volviendo.) Sí. ¡Se te quieren comer enterita! (Pausa.) Yo me muero y tú has conseguido lo que querías; me tendrás bajo tierra, inútil, podrido, deshaciéndome en mares de babas blancas… Yo estaré muerto y tú tendrás todo el tiempo del mundo para hacer de puta; serás libre como la más libre de las putas. Yo me pudriré por dentro pero tú estás podrida por fuera. Te odio. No sabes lo suficientemente bien cómo te odio. (Pausa.) Me temo que hoy tampoco vendrá a cenar.

Hay una SIRVIENTA joven observando atentamente, nerviosa. Espera una pausa para poder hablar. Cuando la descubren se ruboriza, siempre a punto de llorar. El HOMBRE la mira sonriente. La MUJER se gira lentamente. Silencio.

HOMBRE

(A la SIRVIENTA.) ¿Qué te pasa, princesa?

SIRVIENTA

(Aterrorizada. Solo mira al HOMBRE.) Yo solamente quería decirle que me voy.

HOMBRE

Muy bien, querida. Hasta mañana.


Salón de una casa deshabitada, ruinosa, decadente… Símbolos de un pasado esplendor; jardín indómito y jarros con flores secas. Un HOMBRE y una MUJER sentados alrededor de una mesa fastuosamente servida sin comida, vacía. Solamente los ilumina la claridad que emite un candelabro de plata y una brisa cobriza que entra por la ventana. El HOMBRE mira plácido a la MUJER mientras le coge la mano, ella está cabizbaja.

HOMBRE

(Suave y monótono como si leyera una carta.) Te odio. No sabes bien cómo te odio. Tu cara, tus cabellos, tu cuerpo, tus pies… Todo lo que está relacionado contigo me despierta un asco irracional, un asco que me sale de aquí dentro, como un vómito infecto. (Pausa.) Te pones cremas sobre el rostro para intentar parecer atractiva; pero no te das cuenta de que al único hombre a quien puedes gustar soy yo y yo creo que eres patética. ¿Sonríes? ¿Algo de lo que he dicho te ha parecido divertido o gracioso? (La MUJER no levanta la vista y el HOMBRE le acaricia la cara.) Te recuerdo cuando eras joven; hace ya mucho tiempo. O quizá no tanto… Da igual. Tenías los ojos grandes como lunas y unos pechos redondos como lunas y una peca al lado del ombligo, como una luna. Pero ahora… Ahora todo es negra noche, oscuridad, putrefacción. (Pausa larga.) Soledad. (Pausa larga.) Sí, lo tengo que reconocer… Eras una gran actriz. La mejor. Habrías llegado muy lejos, querida. Casarte conmigo fue un error por tu parte. ¿Ahora te das cuenta, verdad? Di que sí. (Pequeña pausa.) ¡Di que sí! (La MUJER asiente con la cabeza.) Pero, bebe, querida. Bebe a mi salud y a la salud de toda mi fortuna. (La MUJER coge una copa de vino vacía. Se para.) No, no te pares, querida. Bebe. Y mientras bebes no cierres los ojos. Hiciste pedazos todos los espejos de la casa para engañar al tiempo, pero ahora no puedes rechazar el espejo que humildemente te ofrezco. Bebe. Y mientras bebes no cierres los ojos. Obsérvate bien mientras bebes, mírate mientras bebes y tal vez así, el líquido se convertirá en veneno. (La MUJER se asusta y deja la copa atemorizada, débil.) No tengas miedo, querida. Yo soy el antídoto que puede salvar tu vida. Soy tu mejor espejo. No pongas esa cara. Me repugnas, querida. ¿Ya te lo había dicho? (Pausa eterna.) Diez años de inútil matrimonio; ¿Para qué? Para ver con los ojos abiertos cómo mi esposa intenta deshacerse de mí día tras día. Cada mirada tuya es una puñalada. Bruja del demonio. (Pausa. Sonrisa.) Pero el destino, ese caballero vengativo, ha decidido darte la razón. (Pausa.) Me muero. Cada día me siento menos vivo. ¿Sabes? Tengo la sangre llena de pequeños huevos de mosca y dentro de cada huevo, vive una larva. Algunas larvas babosas han iniciado ya la carrera para ser crisálida. ¡Me oyes! ¡Millares, millones de moscas verdes me corren por dentro! Las siento, las noto dentro de mí. Puedo sentir cómo me rascan el estómago con sus patas peludas. ¡Millares, millones de patas peludas de mosca verde rascándome el estómago para salir al exterior! ¿Y sabes cómo me siento? (Pausa. Ríe.) ¡Nunca me había sentido mejor! (Pausa.) También las puedo sentir aquí dentro, en la cabeza. Me rascan con las alas y no me dejan pensar. (Pausa.) ¿Sabes de qué se alimentan las moscas verdes y peludas? ¿No lo sabes? De mierda. (Pausa.) Cada vez que me besas las estás alimentando. Puedo sentir cómo me suben por la garganta para entrar dentro de ti y devorarte toda entera. (Asustado.) Me han salido bultos negros por todo el cuerpo; por la espalda, por el pecho, en las piernas… (Volviendo.) Sí. ¡Se te quieren comer enterita! (Pausa.) Yo me muero y tú has conseguido lo que querías; me tendrás bajo tierra, inútil, podrido, deshaciéndome en mares de babas blancas… Yo estaré muerto y tú tendrás todo el tiempo del mundo para hacer de puta; serás libre como la más libre de las putas. Yo me pudriré por dentro pero tú estás podrida por fuera. Te odio. No sabes lo suficientemente bien cómo te odio. (Pausa.) Me temo que hoy tampoco vendrá a cenar.

Hay una SIRVIENTA joven observando atentamente, nerviosa. Espera una pausa para poder hablar. Cuando la descubren se ruboriza, siempre a punto de llorar. El HOMBRE la mira sonriente. La MUJER se gira lentamente. Silencio.

HOMBRE

(A la SIRVIENTA.) ¿Qué te pasa, princesa?

SIRVIENTA

(Aterrorizada. Solo mira al HOMBRE.) Yo solamente quería decirle que me voy.

HOMBRE

Muy bien, querida. Hasta mañana.

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