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DRAMATIS PERSONAE

LOLA
SARA
AGENTE


ESCENA I


El escenario está a oscuras. Una puerta se abre.

AGENTE
Bueno, pues… aquí estamos.

El AGENTE entra. Ronda los cincuenta años. Va vestido de traje, con abrigo. Lleva un paraguas.

AGENTE
Qué manera de llover, como si… Espere que descorro las cortinas. Qué manía con tenerlo todo cerrado.

El AGENTE descorre las cortinas. La luz inunda el salón. Es viejo, decorado con muebles de hace varias décadas, lleno de recuerdos que seguramente huelen a naftalina. El único detalle anacrónicamente contemporáneo es una gigantesca pantalla de plasma. El hombre se mueve como si estuviese en su casa.

AGENTE
Pero pase, pase…

SARA, una mujer de unos treinta años, elegante, con aspecto de ejecutiva, avanza con paso firme. De hecho, ella es firme en todo, no solo en el paso.

AGENTE
¿Qué? ¿Qué le había dicho? Acérquese al balcón…

SARA se dirige al balcón.

AGENTE
Qué alegría… Convendrá conmigo en que las vistas son magníficas… A pesar de las nubes… Se ve la sierra… ¿Le gusta?

SARA
¿También la vende?

AGENTE
¡Muy bueno! Me encanta la gente con sentido del humor. Mi padre siempre decía que ese era el sexto sentido. «Pobre del que no se ríe con todo…». Para mi madre, en cambio, el sexto sentido era el sentido común… «Pobre del que se ríe con todo…». Se divorciaron dos días antes de que yo cumpliera once años, ¿no es curioso?

SARA no responde. A ella lo que le está contando le importa muy poco. El AGENTE lo capta y vuelve a lo suyo.